Ni idea dónde voy pero seguime

lunes, 31 de diciembre de 2012

Infeliz año nuevo

Me perdonarán por pecar de nostálgico o incrédulo pero yo creo que nos equivocamos hasta ahora. Año tras año escucho deseos, augurios, palabras y frases que piden que el siguiente año sea bueno, feliz, increíble, mejor, etcétera. Mi pregunta es ¿no estaremos siendo supersticiosos? Desear un feliz año a otro es obvio. Si estás con la gente que querés y te quiere, ¿cómo no desearles lo bueno? 

Pensémoslo por un segundo. Sé que va contra la tradición pero ¿qué pasa si en vez de esperar algo del futuro valoramos el presente y el pasado? En realidad, mal que nos pese, nadie puede conocer su futuro. Pero todos podemos conocer nuestro pasado. Ahí hay un punto. Sí, por ahí es demasiado empírico mi planteo pero no por eso deja de ser cierto.

No se confundan, tampoco es cuestión de "dejarlo librado al azar". ¿O será que siempre es un poco así? Yo pienso esto. Cada año escucho lamentos y pedidos desesperados por que el año en curso se vaya o termine. ¿Y cómo había empezado? Con buenos augurios y deseos. ¿Entonces funciona? ¿Y eso de cambiar el estímulo para obtener un resultado distinto? No lo sé. No soy quién para develar el misterio pero sí les puedo decir algo: se puede mejorar desde bajar las expectativas.

"Ojalá que este año sea el peor de mi vida". Después transcurre el año y a lo mejor no es el peor. Entonces la percepción será que fue mejor de lo esperado. A lo mejor podemos usar la negatividad en nuestro favor. O no esperar nada. ¿Por qué siempre hay que estar mejor? ¿De dónde salió ese mandato? ¿No se puede estar igual? ¿No se puede no esperar nada? A mí no me gusta esa ansiedad mezclada con pretendida omnipotencia.

Entonces podemos saludar primero con desearnos lo peor para el año próximo (sabiendo que no será así con lo cual lo que se desea es que el otro tenga una experiencia mejor que la esperada para que la sensación sea positiva) y referirnos al que se fue. 

El adjetivo de feliz para un año solo debería usarse para un balance. Por ejemplo, ahora deberíamos poder decir "feliz 2012, incierto 2013". 

Yo no sé qué esperar para 2013. Qué venga lo que venga y ya veremos qué pasa. Acá te espero, infeliz.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Policial duro

Yo lo tenía bien planeado. Sí, por supuesto. Lo reconozco. No aguantaba más. Quería sacarme la angustia y la única forma que se me ocurrió fue esa. No, no me parece bien. Tampoco sé si me arrepiento, es lo que me salió hacer. Bueno, tampoco creo que haya tenido otra opción mejor. ¿Cómo? ¿Que por qué no pedí ayuda? No sé, no lo pensé. Sí, acabo de decir que lo tenía planeado. Lo que no calculé fue el resultado, la reacción. Y sí. Yo esperaba que fuera de otra forma. No esperaba llegar a tanto. Una resistencia, culpa. Algo. Porque sí. Porque soy así. Y qué se yo.

Y ahora tengo que hacer 48 horas de dieta por haberme morfado yo solo 7 turrones.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Instrucciones para generar una pelea sin razones

A veces puede pasar que usted tenga ganas de pelear. Por el mero placer de ver cómo el otro se enoja poco a poco. Sube su nivel de bronca e indignación hasta el límite y trata de aplacarlo un poco para no pasarse de la raya de los buenos modales. Llévelo hasta ahí, déjelo bajar un poco y luego aplique suavemente la frase detonante que lo hará sobrepasar esa raya grandemente. 

Haga una pregunta o comentario simple. Por ejemplo "parece que va a llover". Luego de esto comience a preguntarle a su interlocutor sobre su vida. No lo deje terminar las frases y lance la siguiente pregunta interrumpiéndolo. Esto aviva la sensación de que a usted no le importa lo que diga él o ella. Y tendrá así dos motivos para que se irrite: su falta de educación y su falta de interés en lo que diga.

Procure saltar de tema en tema dándole mayor prioridad a los menos importantes. Cuando vea que el interlocutor se detiene para explayarse sobre uno en particular déjelo continuar y luego acote como si asintiera pero coloque una frase carente de sentido. Por ejemplo, si le comentara que su pareja tiene que hacerse un tratamiento de conducto y está preocupada, puede agregar algo como "claro, esas cosas son tremendas. Además te cobran el IVA dos veces si te descuidás. Los de la aduana son muy garcas". 

Observe el gesto. Si la persona se queda en pausa expresiva durante un momento, comenzó a hacer efecto su estrategia. Solo tiene que dar un paso más en su plan. Espere una nueva oportunidad y cuando vea que comienza a disiparse la ira incipiente, mire para el costado y cambie radicalmente de tema, como si no le importara (en realidad no le importa) lo que diga el otro. Es muy efectivo volver a meter el bocadillo del inicio. Así, veamos un ejemplo completo.

I: Y está asustada porque la última vez que le hicieron un tratamiento de conducto le dolió mucho porque
Y: ¿Cuánto cuesta eso?
I: ¿El tratamiento?
Y: Claro.
I: X pesos. El tema es que ella tiene las encías muy sensibles por el tema de...
Y: Es un montón, yo por esa plata me saco la muela y fue.
I: (silencio)
Y: ¿Te interrumpí?
I: Sí.
Y: Bueno. ¿Me decías?
I: Que tiene las encías sensibles por el tema de...
Y: Parece que va a llover...
I: (silencio)
Y: (silencio)

Es importante también que usted se coloque siempre en el lugar del que sabe. O en su defecto que le indique todos los problemas que va a tener. Haga foco siempre en lo negativo. No le dé ánimo. Eso lo hacen los demás.

Si con todo lo anterior su interlocutor no cede a la tentación de enojarse y comenzar a discutir, procure perjurar datos sobre la vida del otro como si no supiera quién es. Cuanto más ridículo sea, mejor. Y si no puede, invente. Por ejemplo: "Tu abuelo falleció el día en que vos te sacaste un 3 en contabilidad. Lo recuerdo porque siempre fuiste un burro en las materias contables" -Pero yo no fui a bachiller, hice industrial- "No discutas, sé perfectamente lo que hiciste".

Así, amigos, pueden seguir los consejos dados para generar una discusión o pelea. Lo importante: váyanse antes de que la cosa pase a mayores.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Entendernos

A veces me gustaría que mi perro supiera hablar. No sé, le preguntaría un montón de cosas. Intentaría explicarle que no le va a pasar nada con los petardos, que no le conviene ir a pelearse con el dogo de Burdeos de la vuelta de casa porque pesa 5 veces él. Le preguntaría si me extrañó.

A lo mejor me podría decir que me extrañó. O que no tiene hambre. O que tiene ganas de ir a pasear. Que le dio mejor resultado la pipeta de la otra marca y que le pica todo por los mosquitos asesinos. Y a tal vez empezarían los reproches. ¿Quién sabe? 

W: Te fuiste mucho tiempo y me aburrí.
B: Pero te dejé la radio.
W: No me gusta escuchar radio para humanos. Hablan de temas que a mí no me interesan.
B: Ah perdón, el señor está más allá de los humanos.
W: Y sí, gil. ¿O vos te pensás que me preocupa una fragata varada en Ghana?
B: Ok, la próxima vez te dejo la tele.
W: Bueno, pero no me dejes Cartoon Network. Eso es para nenes.
B: Bueno, te dejo Animal Planet.
W: ¿No te parece que ya sé suficiente sobre animales?
B: ¿Qué carajo querés ver entonces?
W: Y no sé, dejame algún canal de cine. Por ahí engancho alguna de James Bond. Algo de acción, ¿entendés?
B: Sí. 
W: ¿Sí qué?
B: Sí, perro.
W: Así me gusta.

Después me doy cuenta de que aunque no hable se hace entender con gestos. Me mira para jugar. Me pone la cabeza en la pierna cuando quiere mimos. Empuja el plato para comer y busca su correa en el cajón para ir a pasear. ¿Para qué necesitaría hablar? A su manera, él se hace entender.

A veces pienso que el equivocado soy yo, que trato de que me entienda cuando le hablo en vez de usar gestos como hace él. Es como pedirle a un sordomudo que te hable en vez de aprender el lenguaje de señas.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Hablemos más tarde

Ring, ring. Ring. Ring. Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing.
—Ringtone del orto, tengo que cambiarlo. Hola. Sí. Bien. ¿Vos? Bueno, qué suerte. Sí, dale, nos vemos más tar... Ah, me olvidaba, hablemos de algo más tarde. No, no pasa nada mal... Sí, en serio. Porque no. No, ahora no. No tengo ganas. Dale. Te jur... Pero te digo que no. Pero puta madre. Carajo, no me rompas las pelotas. Dale. Chau. Chau.—.

Ahí suena. Suena. ¿Por qué no me atiende? Siempre atiende enseguida. ¡Hola! ¿Estás bien? Yo también. Te llamé porque vi un pájaro carpitnero. Relindo. ¿Nos vemos hoy? ¿Hablar de qué? ¿Es algo malo? ¿De verdad? ¿Y por qué  no me lo decís ahora si no es malo? Dale, contame. Me preocupo. Bueno, jurame que no es nada grave. ¿Tenés a otra? ¿Te enojaste conmigo por algo? Por favor decime, no me dejes así. Bueno, bueno, che, tampoco te enojes. Chau. Bueno, chau.

Uh me tengo que acordar de ir a comprar el repuesto para el timbre. Porque ya veo que me olvido y cuando venga la gente el 24 no voy a saber cuando estén.

Me va a dejar. Tiene a otra. Sí, no. No me lo dijo pero lo sé. No hace falta que lo diga. Lo conozco bien. Y está embarazada. Obvio. Por eso me dijo hablemos más tarde. Bancame porfi bancame. Me voy a tu casa unos días. Dale. Hablo y te cuento pero esperame con helado y muchos pañuelitos.

—Hola
Hola
—¿Qué te pasa?
Nada
—¿Nada?
No. Nada.
—Si no te pasa nada es que estás muerta.
Estoy muerta. De miedo. ¿Qué es lo que pasa?
—¿De qué hablás? ¿Y ese bolso?
Me voy a dormir a lo de mi vieja. Me dijiste hoy "hablemos más tarde".
—¿Yo dije eso?
Sí. ¿No te acordás?
—Sí.
¿Y?
—Y no me acuerdo...
¿Cómo? Me dijiste que sí.
—No, sí. Bueno. Sí pero no me acuerdo de qué quería que habláramos.
No seas así. No juegues conmigo.
—No juego. De verd... Ah, pará, ya sé.
¿Te acordaste?
—Sí.
Bueno, dale. Largá.
—Te quería decir que no quiero ir al bautismo. No me gustan las iglesias.
¿Eso era?
—Sí. ¿Te molesta?
No. Bueno, sí. No sé. No eso, me molesta haberme preocupado así por algo tan tonto.
—¿Tonto? Pensé que querías que te acompañara.
No. Sí. Bueno. Quería pero no hay problema si no querés venir. Bancame un minuto que tengo que hacer un llamadito que mi vieja me dijo que...

Qué raras que son las minas. Te dicen que no se enojan pero se van a dormir a lo de la madre porque no vas a un bautismo.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Letra chica

Todos tenemos una letra chica. Esas cláusulas que nadie concoe hasta que se encuentra con ellas. La mayoría son innegociables. Y por tanto, determinantes. Son las que pueden separar personas, alejar amistades, empañar felicidades. O hacernos parecer locos o insoportables.

Nadie pide leerla cuando conoce a alguien. No sería una situación muy feliz. Imaginate en un bar con amigos. Toman algo y de repente, a 10 metros, ves a una morocha hermosa que te hace frenar la vista como la bolilla de la ruleta cuando queda fija en un número. La mirás. La mirás sin pestañear. La mirás de arriba a abajo mientras pensás qué decirle. Apurás el Fernet y corrés la silla con la pierna, sin mirarla. Vas. Vas hacia ella que espera en la barra. Parece alta. Pelo lacio. Negro como la noche en el campo. Los ojos almendra clavados en vos. No te apichonás. Ya está. 

Llegaste. Apoyás la mano en la barra y la saludás. —Hola—. Muerde el labio inferior, sonríe y te contesta "Hola". —¿Cómo te llamás—. "Euge". —Hola, Euge. Sos muy linda. ¿Qué dice tu letra chica?—. "Bueno, mirá. Tengo conflictos con mi viejo. Nunca estuvo muy presente así que la verdad es que busco a un hombre que un poco ocupe ese rol de padre. De adolescente tuve depresiones serias por eso así que cada tanto se me da por pegarme un par de pastillazos para ver si palmo y dejo de sufrir. Además mi vieja no me cae bien porque se hace la pendeja y una vez me sacó un novio. Bah, se lo curtió. Así que no vas a conocer nunca a mi vieja. Mi viejo se fue. No sé dónde vive. Tengo fobia a las polillas y soy fanática de los tatuajes. Así que me voy a tatuar la muñeca o el hombro. Algo en chino para que nadie lo entienda. Porque yo quiero eso. Que la gente me admire, me siga pero que no me entienda. ¿Y vos?".

—Yo no estoy maduro para encarar una relación porque todavía no resolví el vínculo con mi mamá. Vivo con ella aunque tengo 37 años porque está muy sola porque mi viejo solo se dedica a trabajar y a mantener a su amante. Hace 20 años que sale con la amante. Lo sabemos todos pero lo callamos porque hay cosas que es mejor no enfrentar. Y mi vieja sufre en silencio. Bueno, en realidad aprovecha eso para victimizarse. Es hipocondríaca y cada tanto se hace internar como para darle culpa a mi viejo. Porque yo me enojo con él. Entonces mi mamá en realidad nos manipula a los dos con su salud y con el tema de que se va a quedar sola. Siempre me saboteó las relaciones porque en lo profundo piensa que soy el único hombre que puede ser incondicional para ella. Pero yo estoy medio hinchado las bolas ya así que empecé a a tener algunas pulsiones asesinas hacia ella. Por ejemplo le regalé un día de spa que queda en Fátima, cerca de donde hay unos apicultores. Ella es alérgica mal a las abejas así que por ahí tengo suerte y se muere de alergia. Yo me libero, ella también y nadie va a la cárcel. El tema es la culpa que me daría. Pero bueno, lo voy viendo".

La letra chica se puede ver con un espejo. Está chiquita, muy muy chiquita abajo del nombre. Hagan la prueba: pídanle a alguien que escriba su nombre y pongan el papel frente a un espejo un 29 de febrero a las 23.15 con una vela amarilla como iluminación.

Qué comí ayer

Así de frívola va a ser esta entrada de mi blog. No te vas a reír. No vas a llorar. A lo sumo dirás "qué me importa". Pero bué, es lo que quería compartir hoy.

Desayuno
Muffin de vainilla relleno con dulce de leche. Bien frío. Cantidad: 1.
Galletitas pepas acompañadas de mate. Cantidad: indeterminada. Menos de un paquete.

Almuerzo
Capellettinis de verdura con salsa de tomate. Cantidad: 1 plato no lleno. Sin pan.
Alfajor Jorgelín triple (como debe ser) de chocolate. Cantidad: 1.

Merienda
Criollos/libritos con mate. Cantidad: 2. De los de grasa.

Merienda II
Manzana roja. Cantidad: 1. Compartida con Wakko (3/4 yo 1/4 él).

Cena
Ensalada de chauchas con huevo duro. Cantidad: 2 huevos. Chauchas no las conté.
Zanahoria rallada. Cantidad: un tenedor pinchado lleno. Menos las que se cayeron desde el bowl hasta el plato.
Salchicha alemana grande. De las de verdad, no las chiquititas. Cantidad: 1.

Postre
Mantecol bañado en chocolate relleno con almendras. Cantidad: inverificable. Algunos pedacitos.

martes, 4 de diciembre de 2012

Me TOCó ser así


Yo sé bien que soy obsesivo. A veces no me gusta serlo pero al menos me tranquiliza saber que no soy esquizofrénico. Debo ser justo conmigo y con mi psicóloga y contarles que he mejorado mucho. Sí, sí.

Antes, por ejemplo, me ponía muy mal si se me rompía el vaso. Muy. No por lo que cueste ni por tener que juntar los vidrios. El descuido me jodía. El error. Me amargaba. Ni que hablar si me quedaba dormido. En vez de disfrutar de los minutos extra que había torrado, me ponía mal por haberme equivocado.

No me gustaba sacarme notas con número impar. Prefería un 8 antes que un 9. Será porque cumplo en día par y nací en año bisiesto. Que además de par termina en cero. Es más fácil calcular tu edad. Llegué a no pisar las líneas de las baldosas, las de brea en la calle.

Después me obsesioné con la plata. Como no tenía trabajo, en un momento, cuando iba a la facultad y cursaba 6 horas (con 2 de alpinismo en el medio), tomaba agua en el baño y no comía hasta que volvía a casa. Ahora lo pienso y no sé cómo hacía pero no gastaba un centavo. Cursaba de 13 a 15. De 17 a 19 y de 19 a 21. Sin comer. Tenía calculada la plata como para la carrera en los años que me faltaban por si no conseguía trabajo.

Sabía muchos números de teléfono de memoria. Todavía recuerdo algunos. Direcciones de lugares a los que hace no menos de 10 años que no voy. Fechas de cumpleaños de algunos  compañeros de primaria. Obvio que de la secundaria también. Recuerdo hasta cómo nos sentábamos los 16 alumnos de 5º año. Hace un año tuve que cambiar un regalo que me habían hecho unos amigos y me sabía el DNI de 2 de 3. El otro no me lo acordaba por 1 número.

No puedo olvidarme de las cosas a propósito pero creo que un poco aflojé. Ya no anoto los centavos en los gastos del mes (y hasta redondeo como me pinta ese día). Cada tanto escribo y no corrijo y sale como sale. Dejé de corregir a la gente cuando habla mal y dice "si yo iría a tal lugar". A veces me cuesta quedarme callado, lo reconozco pero se hace lo que se puede para no ser tan insoportable.

Pasé por la de optimizar el tiempo también. Por ejemplo poner el agua para el mate mientras me baño para que esté cuando termino. O poner ropa a lavar mientras saco al perro y que esté cuando volvemos. Saber que si hoy no me iba a sacar sangre podía tener problemas -el turno con el médico es el 26 pero ya calculé las próximas semanas-. Cuando camino, cruzo siempre según como vayan a cambiar los semáforos. O sea, según vea cruzo la boca calle que me conviene para no tener que parar y esperar todo un semáforo. 

Sé que no tengo que ir ni al banco ni al cajero entre el 1 y el 10. Trato de no hacer trámites los lunes porque la gente tiene menos fiada y va más que un martes o un jueves.  

De un tiempo a esta parte mi obsesión son las patentes de los autos. Miro una patente y en dos segundo máximo ya la recuerdo. Y cuento los autos iguales al mío que veo por la calle. No, no tengo un Gol por suerte. Hoy vi 4. 3 negros, como el mío y uno azul, como el que yo quería. Casi todos con patente que empezaba con jota. JEN era uno. JKY era otro. IKW el otro. 

No sé bien qué hacer con tanto TOC. Música a lo mejor.

* Nota: al volver a casa vi otro auto negro igual al mío y otro gris. Lo que totaliza 5 autos del mismo modelo. Ah, la patente del gris era LVF.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Machos

¿Qué les hace pensar que soy? Nos conocemos hace mil años. No sean pelotudos, en serio. Ya dejó de ser gracioso. ¿Saben lo que van a lograr? Que me vaya a la remismísima mierda. Forros.

Hugo seguía en el medio de la semironda que habían armado los 5 a su alrededor. Nadie hablaba. Solo se escuchaba el crepitar del fuego ardiendo. Hugo tenía frío pero no quería abrigarse para no alimentar más las dudas.

"Sabemos que sos puto y listo" tiró de golpe Leandro. "Está todo bien, Hugo, pero nos lo tendrías que haber dicho antes. No sé, yo me siento estafado, ¿qué querés que te diga?".

H: —Pero ya les expliqué mil veces que...
L: —Cerrá el orto, pelotudo.
Beto: —Justo eso le venís a decir–.
L: —Bueno, bueno, tampoco hagamos chistes todo el tiempo.

Hugo se levantó, se limpió un poco las manos llenas de tierra y puso un brazo en la cintura. Amagó con empezar a hablar y Fernando lo interrumpió con un gesto. 

"Nadie te bardeó cuando quisiste ir a ver a Rafael. Ninguno se te cagó de risa porque eras fanático de Robbie Williams. Pero hasta ahí estaba todo bien, Hugo. El tema es que no da lo que hiciste. No podés caer disfrazado de hada a un campamento en Sierra de la Ventana. No sé si sos gay o pelotudo".

Hugo hizo el ademán de "andá a cagar" y levantó el sombrero. —Ustedes son unos prejuiciosos. Se puso los stilettos y se fue.

Los demás se miraron con cara de no creer lo que había pasado y nadie se animó a decir nada. Fernando hacía dibujos en la tierra con una ramita. Leandro tiraba piedras contra un árbol. El resto no decía nada. No hacía nada. 

Al rato, como a los quince minutos, apareció Hugo de nuevo. Venía vestido de milico. Tenía borceguíes, casco, todo. Hasta la ropa camuflada. Venía con una tremenda rubia de la mano. La mina debía ser modelo. Era flaquita pero tenía buenas gambas, las tetas hechas y una cintura increíble. Estaba pintada con camuflaje también. Botas, mini verde, top negro con el ombligo al aire. Dos sarpados globos o cabezas de enano como dice un amigo. Hugo les chistó. Se paró adelante de sus amigos y les dijo: —ustedes, manga de pelotudos, no son capaces de pensar. Creen en lo que ven a priori. Eligen una película por el nombre, un libro por la tapa. Una comida por el precio—. Cazó a la rubia de la mano y se fue. Frenó y dijo sin mirar atrás —y ahora le voy a pegar una clavada que no se va a poder sentar en 3 meses—.

Se quedaron todos perplejos. Nadie quería hablar. Hasta que Leandro no aguantó más y se empezó a reír fuerte. Muy fuerte. Se puso todo colorado, después azul. No podía respirar. Alguno se tentó también. Estuvo así, se tiró al piso. Se levantó llorando de la risa. —Yo la conozco a la rubia. Está buena, ¿eh?—.

—Yo le doy. 
—También. 
—Yo me caso. 
—Le hago 3 pibes. 
—Está más buena que un desayuno continental. 

–Sí, sí —dijo Leandro—. Todo lo que quieran. Pero esa rubia es mi vecino Angelito. Lo reconocí por el tatuaje de Banfield en la muñeca. Casi le creí.

viernes, 16 de noviembre de 2012

¿Y vos de dónde saliste?

No sé, abrí el blog y acá estaba. Yo no recuerdo haber creado esta entrada. Y ahora no sé qué hacer. Estaba vacía pero estaba. Sin título ni contenido pero estaba. Eso quiere decir que en algún momento yo tuve la intención de escribirla. Quizás tuve un impulso. Algo de mí me llevó a crearla. Y ahora no me voy a desentender, no señor. De ninguna manera señora.

Soy de los que creen que hay que hacerse cargo de las acciones. Uno no puede andar por la vida sin ser responsable de sus actos. Eso no está bien. Así que si yo creé una entrada me voy a hacer cargo. Sí, eso voy a hacer, me voy a ocupar de ella. La voy a pensar, la voy a editar, la voy a escribir, la voy a cambiar. Le voy a buscar una vuelta graciosa. O por ahí escribo un cuento. Podría armar una historia, sí.

Ya le dí vida. Ya quise hacerlo. Y por ahí después no continué por algo. Porque me olvidé, porque no me gustó lo que escribí, porque tuve que trabajar. No lo sé. La única certeza que tengo es que está acá, vacía, en blanco. Mirándome. Interpelándome. Me dice "llename". Me pide que la escriba. Me ruega que me haga cargo. Es mía, solamente mía. De nadie más. 

Me corresponde a mí. Es mi obligación pero también mi derecho, porque este es mi blog. Así que voy a tener que decidir qué pongo acá. Algo va a salir. Mañana lo hago. Sí, mejor mañana porque hoy no me pasó nada fuera de lo común como para contarlo.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Los pelotudos miran para abajo

Así de contundente. Los pelotudos miran para abajo. Cuando tienen que cruzar la calle. Cuando no saben la lección. Cuando les dice que no una chica. Siempre, los pelotudos miran para abajo.

Desconozco cuál será el origen de tamaño reflejo pero me animo a arriesgar que es para evitar el contacto visual. Obviedad, dirán. Bueno pero piensen por qué. ¿Por qué los pelotudos miran para abajo?

A lo mejor no quieren ser desenmascarados. Aunque hay pelotudos que no son concientes de su pelotudez. En realidad me animo a decir que la mayoría no lo sabe. Y tal vez si chocan con otro por la calle, porque los pelotudos miran para abajo, atribuyan la casualidad al destino. Y se enamoren, como buenos pelotudos –que miran para abajo que son–.

¿Tendrán un fetiche con los pies? ¿Mirarán el celular compulsivamente? ¿Pensarán mientras miran el suelo? Pueden ser algunas, todas o ninguna de estas opciones, pero es un hecho que los pelotudos miran para abajo.

Por eso existe ahí la letra chica. ¿Quién más que un pelotudo pudo haber inventado la letra chica? Los subtítulos. Los precios en las góndolas del supermercado. Por eso escriben el "Pare" o "Mire a ambos lados al cruzar" en el asfalto en los países del primer mundo. Porque está lleno de pelotudos que como ya sabemos, miran para abajo.

Es fácil reconocerlos desde atrás, de costado. Llevan el mentón casi pegado al pecho. Como si tuvieran vergüenza de su garganta. Pero no, no es eso. No señor. El tema es que los pelotudos miran para abajo.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Sobre el 8N

1. No me parece ni bien ni mal que quienes tengan ganas de manifestarse lo hagan. Es un derecho.

2. No por ser organizado deja de ser legítimo. Lo que para mí no es legítimo es que algunos partidos y organizaciones se escondan para convocar y sacar provecho de la supuesta falta de banderas políticas. Ejemplo: si lo organizara el Pro quizás alguien que va decide no hacerlo. O Moyano. O el PJ.  

3. No quiero sumarme a algo donde hay diferentes consignas que conviven cuando algunas no comparto. Y donde no todas son responsabilidad exclusiva de este gobierno o de cualquier otro. Por supuesto que quisiera vivir en un lugar sin robos ni homicidios, pero también soy realista y sé que aunque hubiera igualdad de oportunidades y trabajo para todos, hay personas que no quieren esa forma de vida que para nosotros es la correcta (de trabajo y progreso basado en el esfuerzo). Hay enfermos, hay psicópatas, hay ladrones. Está en la naturaleza de algunos aprovecharse y causar daño. No digo que esté mal quejarse pero son problemas estructurales que tal vez tienen que ver con otra cosa y no con este gobierno, el que estuvo o el que vendrá. Algunas.

4. No todos los que participen son golpistas, fachos, frívolos o pelotudos. Solo espero que no los usen. Tampoco los que no participemos somos fanáticos K o cristinistas. Yo no quiero ir al lado de alguien que desea que se muera Cristina y la insulta. No tengo nada en común con esa persona ni quiero tenerlo. No son todos, pero los aceptan. Ahí me parece que está el problema. Tampoco todo lo que hace el gobierno está bien. Ni por asomo. La corrupción mata. La desidia también. Y no solo involucra a los políticos, también a otros funcionarios (policías, médicos, municipales, etc.). Tampoco todo es malo.

5. Nadie tiene más derechos que otro, el tema son las prioridades. Si una vieja de Recoleta quiere ir con su tapado (al margen del calor) que lo haga. Claro que para algunos (me incluyo) su reclamo por no poder comprar dólares es menos importante que otras cosas como por ejemplo la corrupción, las víctimas de Once, Cromañon, etc.

6. Número: nadie convoca pero se sumaron Moyano, Macri, Pando. Si no busca desestabilizar ¿cuál es el objetivo de mostar que son muchos, muchísimos? Ya se sabe. Podrían ser hasta el 46% de los que votamos. Quizás más, por qué no. ¿No es un poquito intimidante? Sí, también es provocador recordar que ganaron con el 54% pero contestar un cachetazo con otro no termina de la mejor manera (me parece).

7. Nacimiento: ¿nacerá algo mejor de esto? ¿Será que tal vez estamos equivocando la discusión? ¿Qué pasa si el problema no está en los nombres sino en el sistema? No en las piezas, sino en la maquinaria. ¿Por qué ya no se plantean cambios de fondo como el sistema de representación? ¿Por qué pensar que todo lo que sea distinto a la democracia tal cual la tenemos será peor y totalitaria?

8. No esperemos milagros. Si lo único que hacemos es ir a votar (y putear por eso) cada 2 o 4 años y después salir a quejarnos una vez cada tanto, no va a cambiar nada más que los de turno. El cambio para serlo en serio tiene que ser más profundo.

lunes, 29 de octubre de 2012

Me confundieron con un linyera

No podía ir mucho mejor un día que empezaba así. Era lunes. Lunes 29 más precisamente. Lunes lluvioso para más detalles. Lunes, pero de esos lunes muy lunes. De esos que te hacen preferir un domingo lluvioso. Así era. Así de lunes.

Me despertó ella cuando dijo "Bru, está entrando agua". Y claro que va a entrar agua pensé yo, es una tormenta y la ventana siempre está abierta. "Dale, levantante que se inunda" me dijo. Creo que dije -ya voy-. Cuando puse un pie en el piso toqué fondo. Y digo fondo porque el agua llegaba hasta el colchón. Literalmente quedé con el agua por las rodillas. ¿Qué mierda pasaba?

Nos olvidamos de sacar el tapón de la casa. Uy la puta que lo parió. Se nos inundó todo. Entró agua por la ventana del patio. Por la rejilla del baño. Todo flotaba. Menos mal que la cama no pasa por la puerta así nomás porque íbamos a parar a la isla Martín García.

Había 2 patos en el living. Uno verde y negro, el otro blanco. Me miraban como extrañados de verme en mi propia casa. Se miraron. Los miré. ¡Cuac! me dijo uno y abrió las alas. Me asusté tanto que le tiré un manzanazo. Casi le pego pero los patos tienen la cabeza chiquitita. Se me vino al humo y nos trenzamos en una lucha semiacuática donde claramente yo llevaba las de perder.

Ella le dio un escobazo y el pato retrocedió. Tenía dientes el hijo de puta, me mordió el brazo. Yo sangraba. ¿Dónde carajo está tu perro cuando te ataca un pato en el living de tu casa? ¡Wakko! ¡Wakko vení que hay patos! El muy turro dormía en su bandeja de cama y flotaba cual barco por el pasillo. Se tiró al agua y los dos patos se asustaron. Nadaron hasta el patio y despegaron.

Sacamos el tapón y el agua empezó a irse. Tuvimos que taparlo porque casi se nos mete un lagarto. Por suerte era cabezón y no pasó por el agujero de desagote de la casa.

Era todo un asco. Quise llevar el acolchado al lavadero. Me puse las ojotas y salí. Pantalón de fútbol viejo, remera de dormir mojada y ojotas. El acolchado que mojado debe pesar 30 kilos y salí. Son 60 metros como mucho hasta el lavadero. Llovía. Crucé la calle y vi que estaba cerrado. No tenía reloj. No supe si esperar pero tenía frío así que volví. Con tanta mala suerte que cuando fui a cruzar de nuevo la calle me para un patrullero. "Señor, ¿qué hace aquí?". -Vine a lavar el acolchado- les dije. Se bajaron. "Documentos por favor". -No tengo documentos oficial, vivo a media cuadra, se me inundó la casa y vine a lavar el acolchado pero todavía no abrió el lavadero-.

Se miraron. "Mire, si no tiene documentos nos va a tener que acompañar". -¿Por qué?-. "No se resista a la autoridad porque va preso". -Pero le digo que vivo a media cuadra. Si quiere venga y le muestro mi documento en casa. No sé dónde estará porque se inundó y me atacó un pato, pero le juro que vivo ahí-.

"Está repasado de vino" dijo uno de los policías. "Metelo al patrullero y lo largamos cuando se le pase". -No, pare, esto es una confusión. Yo no soy un lumpen. No soy homeless, no soy linyera. ¿Por qué me detiene? Aunque fuera mendigo no es un delito serlo-. "Y aparte subversivo" dijo el otro policía. A la sombra.

Y me llevaron nomás. 2 días hasta que me dejaron salir. Nunca me creyeron. No sé dónde quedó el acolchado ni tampoco para dónde se fueron los patos pero lo que sí sé es que nunca más salgo croto y sin afeitarme a la calle.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Para la próxima

La vida que me tocó vivir no está tan mal, no me quejo. Pero hay ciertas cosas que me gustaría poder hacer mejor. A lo mejor haya una próxima vida. De ser así quiero dejar asentados mis deseos para mí en ella. Una especie de carta para Papá Noel del karma.

1. Música: me hubiera gustado ser un talento musical. Para empezar no tengo el mejor oído así que se complica. Aunque Beethoven era sordo, es cierto. Pero bueno, no es mi caso. Lo del talento, claro.

2. Dibujar: sufrí mucho de chico no poder plasmar en papel lo que imaginaba mentalmente. Querer hacer algo y que no sea lo que yo quería me frustró al punto de dibujar solo arañas y soles (que eran lo mismo pero me permitía ser un poco más versátil).

3. Jugar mejor al fútbol: envidio a los que no tienen que correr para jugar. Esos que pueden llevar la pelota debajo de la suela sin que nadie se las quite, no importa que estén parados. Que te dejan en ridículo con un caño, una quebrada de cintura. Por eso empecé con aikido, si algún quiebre habrá no será mío.

4. Ser más alto: una boludez pero me hubiera gustado ser un poco más alto. Con 1,78 m estaba. No es un talento pero bueno.

Pero me doy cuenta de que quisiera todo eso sin resignar las cosas buenas que me tocaron. Así cualquiera ¿no?


miércoles, 17 de octubre de 2012

Hice trampa


Recuerdo que cuando era chico, debía tener 7 años, tuve que escribir un cuento para el colegio. No sé si porque me había gustado o porque no se me ocurría nada pero decidí plagiar uno de Billiken. Creo que era la historia de un caramelo en el bolsillo de un nene. 

Me saqué un diez felicitado y leyeron mi cuento a toda la clase como ejemplo de lo que había que hacer. De la parte narrativa, claro.

Creo que sentí algo de culpa. Pero hasta ahí. Y es que yo lo que quería era que me fuera bien. Me parece que fue una especie de concurso interno. La maestra me dijo que podría ser un escritor. Y logré mi objetivo a partir de una mentira. Era maquiavélico de pequeño.

A veces hacía trampa para sacar ventaja. En alguna competencia por puntos, mover una pieza de ajedrez, una dama. Escribir una palabra en el tutti frutti mientras los demás leían sus respuestas. 

Creo que tenía facilidad para hacerlo. Ponía cara de póker y nadie sospechaba. Tan serio que parecía. No me daba remordimiento. Por soberbio que suene estaba acostumbrado a ganar. Y quería seguir así.

Pero en algún momento me di cuenta de que no disfrutaba de eso porque tenía miedo a perder. Ni siquiera a ser descubierto. A no cumplir. Y de a poco me liberé de esa presión. Dejé de hacer trampa. Dejé también de querer ganar y llegué a querer perder porque disfrutaba de esa sensación de libertad. 

Algunos no saben qué lindo es jugar sin que importe el resultado. Divertirse incluso si ganás. No, no es un fallido. Incluso si ganás. Porque tampoco es fácil ganar una vez que aprendiste a perder.  Lo lindo es jugar. Eso es ser libre.


viernes, 12 de octubre de 2012

520

Quinientos veinte años han pasado desde que llegó Colón con sus barcos al Continente donde vivimos nosotros ahora. Cuentan los libros de la primaria que eran marineros valientes y fieros. Hombres que supieron soportar condiciones durísimas hasta llegar al Nuevo Mundo, que los esperaba ansioso para ser educado y mejorado.

Cuentan otros libros que en América no había enfermedades tremendas como la viruela. Que había matemáticas, astronomía, artesanías y un montón de formas de sabiduría. Por ejemplo la de de no darle más valor a un metal que a una vida. 

Que los animales eran casi dioses y se respetaba a la Naturaleza. Los salvajes que habitaban el luegar vivían con ella. 

Gracias a los españoles que vinieron los locales conocieron lo que era el caballo aunque en realidad hace poco me enteré que originariamente era americano y después de pasar a Europa se extinguió. 

Después de cinco siglos por suerte las cosas han cambiado mucho por aquí. Ya nadie vive pendiente de los metales preciosos. La vida es lo más sagrado y todos somos iguales. A nadie se lo esclaviza ni se lo eleva por sobre los demás.

Los animales son libres y viven en su entorno natural que se ha mantenido igual gracias a la intervención de nosotros, los hombres blancos buenos.

Ese mundo salvaje y terrible, de fantasías y leyendas herejes fue prolijamente borrado del mapa. Hoy deben quedar algunos restos por ahí. En reservas, no sea cosa de que se nos tome por genocidas. Por suerte las únicas religiones permitidas son las verdaderas. Las que Dios ha aprobado. 

Tendremos agua pura para siempre. Y sino tomaremos gaseosas, que son mucho más ricas. Y tendremos técnicas avanzadas para cultivar tomates 10 veces más grandes que los que habrán probado por primera vez aquellos hombres valientes y fieros que llegaron a conquistar estas tierras.

Por suerte todo ha cambiado. ¿Se imaginan qué sería de América hoy si nadie la hubiera descubierto? Un lugar virgen y salvaje. No tendríamos a valientes generales en los billetes de mayor valor. Ni zoológicos para ver animales exóticos.

Miren si en vez de buenos y valientes hombres hubieran venido asesinos y presos. Enfermos con pestes tremendas. Codiciosos con ganas de hacer miserable la vida de otros. Qué bueno que eso nunca pasó. Imaginen lo que seríamos nosotros ahora si fuéramos nietos de esa gente. Tendríamos hábitos corruptos, discriminatorios. Mataríamos a otros por ser inferiores (no distintos, inferiores), nos burlaríamos de sus costumbres y de sus creencias. Pensaríamos "pobres, ya van a llegar a pensar correctamente". Los catalogaríamos por su color de piel o por su idioma inferior, sus dialectos.

Nos asombraríamos de gente que cree que en cosas que no existen como la energía mientras vamos a misa para salvar el alma. Menos mal que tenemos la verdad con nosotros. Que somos los iluminados. Por suerte los equivocados fueron otros.

Y dentro de algunos años quizás esa América salvaje será casi un mito. Qué bueno poder recordar las cosas como son.

Felices 520 años Vaya que han sido felices. Dénle un besito a Roca para agradecerle.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Cuánto

¿Cuántos años tenés? ¿A cuánto el kilo de peras? ¡¿Cuánto?! ¿Cuántos followers tenés en Twitter? ¿Cuántos amigos de Facebook? ¿Cuánta plata ahorrada? ¿Cuántos dólares puedo comprar? ¿Cuánto gana? ¿Y él? ¿Cuánto gana él? "Me dio mal el colesterol" ¿cuánto?

Que cuántos puntos de rating hizo Tinelli, cuánta gente vino a mi cumpleaños, cuántos me saludaron por mail, por teléfono o con una tarjeta. Cuánto, cuánto. Cuanto cuánto que hay por ahí.

¿De dónde vendrá nuestra obsesión cuantitativa? Tanto preocuparse. ¿Vendrá del envido? ¿Cuánto tenés? A lo mejor es una consecuencia de la acumulación capitalista. O en una de esas algún chino muy popular (Qwan To).

¿Con cuánto fue electa? El sistema democrático se basa en eso. Manda la mayoría. La cantidad. Y las minorías (que suelen no estar cohesionadas), se joden. O se adaptan. Es el atropello a las minorías en nombre de la mayoría porque, se sabe, no se puede contentar a todos. 

La cantidad para muchos es sinónimo de éxito. Lo que masivo, mayoría, es exitoso. Pero ojo porque mucha cantidad puede no ser buena calidad. Porque más gente significa más plata pero no mejoría. 

Y no sé si está mal preocuparse por el cuánto. Lo que creo que es malo es dejar de lado el para qué.

viernes, 21 de septiembre de 2012

De diez en diez

Los primeros diez años de tu vida se te van en aprender lo básico: caminar, jugar, bailar, correr, participar. A patinar y a andar en bicicleta. A nadar. A hablar en inglés. Aprendés a ser niño, amigo. Desde los 10 hasta los 20 tenés que perfeccionarte para lograr ser adulto más tarde. Entonces atravesás la adolescencia, previo paso por la pubertad.

Se aprende a enamorarse, a tratar de gustarle a alguien, a estudiar. A mentir y a dibujar. Bah, eso yo todavía no pude aprenderlo. También a hacer trámites, a viajar solo y a manejar. Algunos a fumar, a tomar mate.

De los 20 a los 30 se busca crecer. Aprendés a estar solo más que un par de horas. Después a estar con vos. A cocinar y a planchar. A escuchar. A perdonar. A enamorarse. A pasar de vivir sin tiempo a tener tiempo libre.

De los 30 a los 40 aprendés a conciliar. A convivir. A decir que no. A decir que sí. A decir otro día. A ser vos. A compartir. A ser tíos, padres, maridos y mujeres. A disfrutar del tiempo libre que antes te angustiaba.

Y hasta acá puedo contarles. Por el momento.


martes, 18 de septiembre de 2012

¿Vale la pena esforzarse?

Debo estar con una crisis existencial porque últimamente me hago preguntas raras. O poco comunes. Esta vez me puse a pensar si realmente vale la pena hacer esfuerzos. Así de contundente. Pensaba, por ejemplo, en la gente promedio como yo que trabaja 8 horas por día 5 días a la semana durante 50 semanas al año para descansar dos. Y qué decir de los que trabajan más horas, digamos 10, durante más días a la semana, pero digamos 5, para irse solo 3 semanas. Quizás 4. Hacen un esfuerzo mayor todavía para después disfrutarlo. ¿Es tan así? No sé, me suena un poco raro ahora. El razonamiento es: "Me rompo el lomo todo el año, gano más y después en mi tiempo de descanso puedo gastar más". Supongamos que alguien promedio se cansa 70 de 1 a 100. Este otro se cansa 100 de 100. Entonces la ecuación no me parece que convenga: se cansa más para descansarse más. ¿No sería lo mismo a fin de cuentas? ¿Dónde radica la ventaja?

Es simbólica. El tipo o la mina que hace eso y trabaja más tiempo para después estar más tiempo sin trabajar o gastar más (como si gastar fuera sinónimo de disfrute) cree que tiene un plus. Pero no se da cuenta de que tal vez solamente es simbólico. Entre esas dos personas que comparé las 10 horas semanales más que trabaja el segundo son 500 al año (más que el otro). Son casi 21 días. O sea que usó 21 días para tener a lo mejor el mismo tiempo que el otro y solo gastar más plata. O bien tener unos días más (digamos 14). Dar 21 y recibir 14 me da -7.

El otro tipo, el menos ambicioso, invirtió 2.000 horas al año (40 por semana, 8 por día). Contra las 2500 del que se rompe más el lomo. Si descansa dos semanas nos da que trabajó 83,3 días para tener 10 (hábiles) de descanso. Da 73 días netos.

El roto trabajó 104,1 días para descansar 15 o 20. En el mejor de los casos da 84 días el saldo. Por supuesto acá no está en tela de juicio la prioridad, el orgullo, etcétera que movilizan a las personas. Simplemente me parecía interesante poner esto en términos cuantitativos.

Pensar un poco sobre la conveniencia. ¿No será que venimos con mandatos que cumplimos sin cuestionar creyendo que son dogmas? ¿Es realmente más inteligente cansarse más para descansar más?

Como aquél cuento de Landriscina donde un gringo le preguntaba al paisano que descansaba bajo un árbol por qué no vendía la oveja para comprar otra y así poder vender lana y comprar ovejas para tener más lana y vender más ovejas y así hasta llegar a exportar al mundo y poder tirarse a descansar. "¿Y qué estoy haciendo?" le preguntaba el tipo.

Piénsenlo para el colegio. ¿Quién es más "piola"? Está el que se esfuerza todo el año para tener 3 meses de vacaciones y el que relaja todo el año y tiene –digamos 1 mes–. Pero este "vago". Este zángano en realidad tiene algo más balanceado. Ahí quiero ir.

No me opongo al esfuerzo. No me parece mal dar más por algo que para uno valga la pena. Pero me parece que es un ideal muy occidental y que va en detrimento de la armonía, del equilibrio. Está buenísimo para un chico tener 3 meses de vacaciones, pero ¿no es un poco desbalanceado? 9 meses de mucho contra 3 de nada. 

No quiero emitir un juicio sobre si está bien o mal. Solamente quería cuestionarme esto del equilibrio. No sé, a veces está bueno todo en su justa medida. No puedo dejar de pensar que si puedo estar 3 meses sin hacer nada es porque trabajé de más el resto del año.

Es filosofía de vida tipo montaña rusa. Mucho esfuerzo para llegar arriba y después es todo bajada. Ni mal ni bien, pero hay otras. Eso creo. Algo más parejo tal vez. Más balance.

lunes, 10 de septiembre de 2012

¿Para qué discutís?

Llegué a darme cuenta de que está bueno, antes de embarcarse en una discusión con alguien, preguntar para qué lo hacemos. Parar la pelota un momento y consultarnos a nosotros mismos –¿para qué discuto?–. Ser honestos con nosotros, con el otro y con la discusión misma. Realmente, ¿sabemos para qué discutimos algo?

Podrán pensar que es una tremenda estupidez lo que digo pero les pregunto ¿lo es? ¿Por qué no pensar en cuál es el objetivo de algo en lo que vas a dedicar tiempo y esfuerzo? A priori se me ocurren algunos motivos:
a. Para demostrar que tenés razón
b. Para mostrarle al otro que está equivocado
c. Para discutir

Para tener razón
Si lo que buscás con la discusión es demostrar que tenés razón primero hay que revisar si solamente hay una posición "correcta". Muchas veces las posturas tienen que ver con puntos de vista y realidades diferentes. Me parece que detrás de esta motivación se esconde una inseguridad importante y un ego que necesita ser regado a menudo. 

Para mostrarle al otro que está equivocado
En este caso hay algo que me parece un poco peor que en el caso anterior. No solamente querés demostrar tu acierto (aunque puede omitirse esto) sino que además querés hacerle ver al otro que está mal lo que piensa. O lo que cree. O lo que defiende. ¿Qué ganás vos con eso? ¿Abrirle los ojos? ¿Qué diferencia hay con la anterior? El ego se ve agrandado por empequeñecer al otro. ¿Es así realmente? ¿Alguien es menos por equivocarse o por estar equivocado en algo? ¿Es eso parámetro de mejor o peor? (asumiendo que realmente esté equivocado). 

Para discutir
Después de pensar las dos anteriores me parece que esta es la más sana de las tres. O al menos la menos egoísta. Si la discusión es el fin puede que haya beneficios colaterales como enriquecernos con otro punto de vista, aprender, conocer al otro. Incluso puede que sea para molestarlo. Incomodarlo, hacerlo pensar para que nos haga pensar. Una especie de gimnasia mental. Hasta si fuera por hacerle perder el tiempo, está en el otro engancharse en la trampa.

¿Por qué pensé en esto? Porque me di cuenta de que muchas personas cuando discuten no discuten. Quieren tener razón nada más. No les importa la discusión en sí misma. Por eso no escuchan. Si fuera una película adelantarían hasta el final donde ver el desenlace. Les importa tener razón o mostrarle al otro su error. Así que yo empecé a preguntar cuando comienzo una discusión: ¿para qué discutís? Lo hago por mí. ¿Qué busco? ¿Qué me aporta? ¿Quiero tener razón o me interesa el debate?

Vos, ¿para qué discutís?

viernes, 7 de septiembre de 2012

Instrucciones para quedar como un boludo

Asegúrese primero estar en un lugar donde haya otras personas. Es demasiado intentar ser un boludo si no hay nadie que pueda notarlo. Si es una reunión, intente participar animadamente de la conversación. Lo que diga es lo de menos. Pero intente que no sean comentarios atinados y aguzados. Esto lo distraerá de su objetivo final. Recuerde que quiere quedar como un boludo.

Haga gestos. Levante las manos cuando hable y de ser posible interrumpa a los demás. Píselos sin remordimientos, recuerde que su fin es el más noble de todos. Si está dispuesto a perfeccionar su performance puede primero detectar a aquél que menos participa e interrumpirlo repetidas veces como si fuera algo personal. Procure utilizar un volumen de voz un poco más fuerte de lo habitual, así agregará una impronta de irritabilidad a su intervención.

Ríase. A carcajada limpia y de cualquier cosa. Si se ríe de sus propios comentarios elevará exponencialmente su grado de boludez. O al menos la percepción del resto. Búrlese de cualquiera que vuelque su vaso y señálelo para ponerlo en ridículo. Juegue a embocar maníes o chizitos en los vasos de otros. No falla.

Haga comentarios para incomodar a alguien.  No hay nada más claro para detectar a un boludo que ver cómo intenta molestar a otro con lo que dice. Cuanto más pacífica sea su víctima más rápido será percibido usted como un boludo.

Láncese sobre la comida como si nunca hubiera comido antes. Si el anfitrión preguntase luego de la torta si alguien todavía no ha comido responda fuerte y claro "¿se puede repetir?". Límpiese en el sillón la crema de la torta. Recomiende una de las masas de las que solo hubiera una o dos en su tipo y deglútala sin darle tiempo a otro de probarla.

Jáctese de logros que a nadie le importan y obligue al resto de los presentes a escuchar algo que no le interesaría ni siquiera a su madre. Algún día se lo agradecerán.

Por último, no olvide comentar que el motivo de su partida es el aburrimiento. Pida un tupper con comida para llevarse. No hay que dejar dudas.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Instrucciones para emborracharse solo

Es fundamental distinguir entre la curda voluntaria e involuntaria. La primera es consecuencia de la decisión del sujeto o sujeta. La segunda es consecuencia de sus actos. En cualquiera de los casos afecta a su jeta.

Si su borrachera será voluntaria, procúrese un motivo que sirva de excusa o motivación para iniciar el proceso de intoxicación mediante bebidas alcohólicas. Existen numerosas razones por las cuales puede iniciarse una curda. El autor recomienda utilizar más de una por vez para reducir  problemas hepáticos a largo plazo. Si fuera involuntaria puede usted omitir la mayoría de las recomendaciones aquí expresadas.

Una vez que haya elegido los motivos, sean éstos alegres o tristes, dispóngase frente a la botella con un vaso. La recomendación es abrirla, servir una cantidad superior a medio vaso e ingerirla de a sorbos. La técnica denominada vulgarmente "fondo blanco" puede resultar en una disminución drástica del proceso y un sorprendente efecto desagradable posterior a la borrachera conocido como "resaca".

Tome la botella con su brazo hábil y sírvase otra copa. Pose la botella sobre la mesa antes de beber cada vaso. Si así lo desea, puede utilizar ambos brazos de tal modo de agilizar el mecanismo. En tal caso puede utilizar su brazo izquierdo para verter el contenido espirituoso en el recipiente vidrioso (también conocido como vaso o copa según su base) y la mano derecha para llevarlo hasta su boca. Procure abrir la misma solo lo suficiente como para permitir el ingreso del líquido sin que este se derrame por su cara y su ropa.

Preste atención especial a la vehemencia con la que apoya el recipiente vídrico sobre la mesa. Con el correr de las copas suele utilizarse más velocidad y el freno de la mano se hace más difícil a medida que el sistema nervioso se ve más intervenido.

Es recomendación levantar el dedo índice y acusar a alguien de los problemas que lo aquejan. Si se encuentra solo todavía, puede intentar escribir una carta para documentar sus pesares. Leála una vez que se le haya pasado la resaca.

Continúe bebiendo hasta que esté convencido de que está fresco como una lechuga. Apoye ambos brazos sobre la mesa, uno junto al otro doblados frente a su pecho y haga descansar su frente sobre ellos. Deje pasar un momento y levántese al grito de "qué manera de chupar hoy". Póngase de pie y espere un segundo antes de emprender la caminata hacia el baño. No tema pisar con fuerza para que el piso deje de hamacarse. De no necesitar apoyar su mano en alguna pared regrese a su silla y continúe con el proceso hasta requerirlo.

Orine y salga del baño. No olvide lavarse bien las manos. Salga despacio del cuarto de baño y regrese si fuera necesario para inclinarse ante el inodoro y orarle. Confiésele todo y devuélvale aquello que le ha dado tanto esta noche. Júrese no volver a hacerlo.

Recuéstese mirando al techo y repita hasta quedarse dormido "qué mamúa que tengo".
Descanse.

Nota: perdón, Cortázar.

martes, 28 de agosto de 2012

Martes

Martes marciano; mareo marcado.
Marlene, mareada marsopea.
Marca maravillada mariposas en Maracaibo.
Marta, marioneta del mar marra.

Mara martilla marqueses.
Martes, maroma de mares.

Memorias

Abrió un poco la boca. Tiró la pastilla dentro con la ductilidad de un jugador de básquet. A distancia, desde la altura de la pera. Ni un diente tocó y aterrizó en la lengua, almohadón relleno de palabras no dichas aún.

La empujó con la punta, pasó directo y la tragó. Después la empujó con un vaso de whisky. Lo apuró y apoyó el vaso fuerte contra la mesa. Se rajó el borde. Lo levantó sin haberlo soltado y lo estrelló contra la pared. Se quedó sentado ahí, viendo los pedazos de vidrio mientras terminaban de girar sobre el piso frío. Apoyó la mano sobre la mesa, la frente sobre la mano, y se durmió.

Se despertó con un sabor de boca amargo. Los labios secos, cortados. Se incorporó y tuvo que sentarse de nuevo por el mareo que sintió. Le tomó unos minutos poder ir hasta el baño. Le latía la cabeza, se movía el piso, todo estaba muy raro. Llegó hasta el baño y se hincó para lavarse la cara con ambas manos. Gritó y todo se puso oscuro. Sintió el piso frío contra la cara antes de perder el conocimiento.

Cuando se despertó seguía tirado en el piso. Quiso correrse el pelo de la frente, pegado por el sudor que la empapaba pero no pudo. Recordó lo que había visto antes de desvancerse. Se miró y allí donde debería estar su mano encontró el muñón de nuevo. La impresión casi lo vuelve a vencer. Se apoyó en el lavatorio y se incorporó lentamente hasta poder mirarse al espejo.

Se miraba sin poder creerlo. Los ojos claros, el pelo largo con rulos, la barba crecida. Los piercings, el tatuaje en el cuello… Se pasó la mano que le quedaba por la garganta y siguió los firuletes dibujados por su cuello. "Es una pesadilla" pensó inmediatamente. Tiene que serlo. Él no era él. No era ése del espejo. No le faltaba una mano, ni tenía un tatuaje ni tenía rulos y pelo largo. Pero se movía y… No podía ser. No podía ser que fuera.

Encontró los restos de un vaso cerca de la pared. Buscó a ver si había alguien en la casa, pero estaba solo. Reconocía su casa pero él no era él. Tenía que despertarse de ese sueño. Algo se ocultaba debajo de su pantalón hecho un bollo en el suelo. Levantó el jean y vio el frasco naranja con pastillas redondas. Seguramente había tomado algunas. ¿Estaría drogado? Se le ocurrió entonces llamar a un amigo para saber si estaba soñando. Caminó hasta la mesa de luz y buscó su teléfono celular. No lo encontró. Fue hasta el de línea y levanto el auricular. No tardó ni dos segundos en darse cuenta de que no sabía su número de celular de memoria. —Maldita modernidad— pensó.

Continuó con su tarea abnegada pero no logró encontrar el celular. Tampoco encontraba las llaves y la puerta estaba trabada. No podía contactarse con el mundo exterior. No había electricidad así que no podía ver televisión. Ni escuchar radio. Se sentó a esperar. Estuvo con la espalda contra la pared, intentando repasar paso por paso lo que había hecho pero no lograba recordar nada, ni siquiera quién era el que veía en el espejo ni porqué le faltaba una mano. Después de casi 15 horas desistió y fue a acostarse.

Se despertó varios días después en un hospital. Lo habían encontrado deshidratado, luego de que sus compañeros de trabajo denunciaran su repentina ausencia durante dos semanas. Los médicos hablaban del milagro que representaba haber sobrevivido sin agua ni comida durante tantos días. La televisión quería la historia del hombre invencible. Las enfermeras se acercaron con una sonrisa. "¿Quiere algo?" le preguntaron. —Me gustaría saber quién soy—.

martes, 21 de agosto de 2012

Como si fuera un héroe

Hundió el pie en el barro. Quiso avanzar pero el paso le quedó trunco por la dificultad del terreno. Frenó, acomodó bien el pie dentro de la zapatilla, retiró cuidadoso y caminó. Iba con dificultad, no es fácil caminar por el barro blando y no perder un calzado. Y él no quería ser Cenicienta. Mucho menos vestido de Batman.

Como pudo se hizo lugar entre la multitud para guarecerse dentro de la carpa. La lluvia era grande, de gotas pesadas y filosas que duelen cuando pegan. Tenía su máscara y su capa pero se sentían igual los gotones. La gente corría desquiciada, un Teletubbie se cayó de espaldas, Ironman lo pisó, después el dinosaurio Barney. El Teletubbie no podía levantarse. Batman miró, no vio a nadie más dispuesto y corrió en su ayuda. Iba como un relámpago esquivando muñecos, piratas, abejitas y duchas humanas. El cuerpo abotellado del Teletubbie era una mezcla de barro y sangre, le quitó la cabeza y lo ayudó a levantarse. "Gracias, Batman" le dijo. Se incorporó y no pudo ni abrazarlo que el hombre murciélago ya había desaparecido.

Batman volvió hacia la carpa pero ya no se podía entrar. Caían millones de gotas, había relámpagos y truenos y la gente ya corría descontrolada para escapar de la tormenta. Había gritos de terror. Un payaso tirado al lado de la carpa 2 con el maquillaje corrido por el vómito. La sonrisa le había quedado desdibujada, estaba empapado, embarrado y desmayado. Batman lo dejó en un lugar menos peligroso y corrió hasta la entrada. Salió y buscó a Alfred, pero no lo encontró. Fue al estacionamiento y el Batimóvil ya no estaba ahí. Se lo habría llevado el Guasón. Seguramente en compañía de Gatúbela y El Acertijo.

Batman empezó a caminar rumbo a su Baticueva. Ese día le tocó volverse a pata.

lunes, 30 de julio de 2012

La discusión

Yo justo lo escuché todo. Estaba recostado en mi cama leyendo algo.
Él: Lo que me hiciste no tiene perdón de Dios.
Ella: Vos sos el principal responsable, no quieras endilgarme la culpa a mí ahora.

Uf, pensé. Esto debe ser algo jodido. Algo muy privado realmente. Me debatía entre la curiosidad y la conciencia de culpa. Lógicamente ganó la curiosidad y dejé el libro en la cama. Me bajé de ella y me acerqué lo que más pude a la ventana. Era verano, así que el vidrio no me estorbaba en mi tarea de vieja chusma.

Él (+): Acá no importa de quién es la culpa sino qué hacemos desde ahora y en adelante.
Ella (-): A vos no te importa de quién es la culpa porque sabés perfectamente que es tuya. Entonces si nadie es culpable es una forma de no hacerte cargo.
+: Creo que mirás demasiadas novelas.
-: Miro novelas cuando estoy sola porque vos te fuiste a jugar al fútbol con tus amigos. Bah, eso me decís.

Ah, pero es un hijo de puta este tipo. La deja sola a la mujer y encima le recrimina. ¿Qué le habrá hecho ella a él? Si le metió los cuernos con el mejor amigo capaz que hasta se lo merece por abandónico. Qué talento que tienen las mujeres para que nos pongamos de su lado. No por debilidad, ¿eh? Es por justicia nomás.

+: ¿Qué querés decir, que ando con otra?
-: O con otro, no te olvides de que yo te conozco mejor que tu mamá.
Ah no, tan inocente no es esta perra. ¿Cómo le va a tocar el orgullo así? Le metió el dedo donde más duele… Bueno, a lo mejor a él no pero igual.

+: Pará pará, te estás yendo a la mierda.
-: ¿Y cuál es el problema si ya me mandaste varias veces? Ponete contento que te voy a hacer caso.
+: No me refería a eso. No importa, mientras yo no tenga que cargar tus bolsos cuando te vayas, andate a donde quieras.
-: Obvio, siempre la ley del menor esfuerzo vos.

Uf, es brava la petisa. En realidad no sé si es petisa, pero debe serlo, porque es brava. Y no sé por qué siempre creo que la gente bajita tiene carácter fuerte.

+: Si fuera tan vago no te aguantaría a vos, que bastante esfuerzo demanda.

Bien, loco bien. Muy buena respuesta.

-: Ay sí, pobrecito él, como si yo fuera una mina conflictiva.
+: ¿Me estás cargando? ¡Acaban de echarnos del bar porque el mozo te trajo el jugo de naranja con dos semillas y se lo tiraste en la cara!
Es una loca, flaco, dejala. Dejala yaaaaa.
-: No seas cobarde que yo me la banco solita.
+: No te entiendo. ¿Cómo puede ser que la misma persona que se putea con un morocho de un metro noventa llore porque se le rompe una media?
-: Sos tan básico.
+: Sí, capaz que soy demasiado básico, por eso te resulta fácil manejarme.
Este pibe es mi ídolo, se le ocurren las respuestas más sarcásticas que conozco.

-: Ahora vas a burlarte porque yo no aprendí a manejar ¿no? Siempre buscás el punto débil, la herida abierta.
Tiene razón. No da que le moje la oreja así. Pobrecita se debe sentir mal por no manejar.

+: ¿Herida abierta? Lo que sangra es mi bolsillo después del palo que te pusiste contra el árbol de la avenida...
-: Bueno, ¿para que polarizaste el auto? En definitiva es culpa tuya.

Uy pero qué mala mina. Hija de puta le choca el auto y encima lo culpa. Ojalá que la deje, loca de mierda.

+: Sempre es culpa mía. Como cuando volví temprano del laburo y tu amigo del gimnasio estaba en cuero porque se le cayó el mate encima… ¿Para qué venís temprano? me dijiste.
-: Y sí, si no podés tenerme confianza cuando estoy con otro hombre no estés conmigo.
Ah no, pero esta mujer es el demonio. Yo te banco, flaco. Estamos todos con vos, campeón. Tengo ganas de correr la cortina, abrir las rejas como si fuera el increíble Hulk y abrazarlo. Decirle, no te gastés más, loco, esta mina no vale la pena.

Escucho que ella solloza. Él se va. Veo su sombra que se mueve. Ella se gira, me parece que me vio. ¿Y si me vio? ¿Qué le puedo decir? Qué vergüenza. Corro apenas la cortina y la veo. Es bajita como me la imaginaba. Rubia rubia. No le veo la cara porque la tiene tapada con sus manos. Tiene las uñas pintadas de muchos colores. "¿Estás bien?" le pregunto casi con miedo. -No. Buuuu- nadie llora lindo pero esta chica era insoportable. Era como un Tiranosaurio constipado. Gritos desgarradores. "Ahí voy" le dije poniéndome el traje de héroe.

Abrí la puerta, salí al hall y abrí la puerta del edificio. Me acerqué a ella con un vaso de agua y un rollo de cocina para que se pueda sonar la nariz. Me fui hasta su lado y mientras se sonaba los mocos me quedé paradito en la vereda como un gil. Levanté la vista hacia la otra esquina y lo vi a él. Hecho un bollito contra la pared del otro departamento. Acurrucado con la cabeza hundida entre los brazos y las piernas. Era un ser triste y sin cabeza. Y ya no supe de qué lado ponerme. "Acá tienen las servilletas, cualquier cosa avisen y les pido un taxi". Y entré a tomar unos mates, porque ya empezaba el partido y no me lo iba a perder por una discusión.

martes, 24 de julio de 2012

Viajeros cruzados

No sé si era espíritu bromista, maldad o generosidad lo que los impulsaba a hacerlo. Me contaron la historia en un pueblo cerca de la Cordillera de los Andes, en algún lugar de la Argentina. Estos tipos venían a refugiarse porque iban a terminar presos si no se rajaban de Buenos Aires.

Nunca les vi la cara ni supe sus nombres, pero eso no importa para contar lo que hicieron. Todavía no sé si eran buenos tipos, supongo que cada uno podrá interpretarlo como le parezca.

El caso es que estos dos tipos, llamémosles Ernesto y Tito, trabajaban en el Aeroparque Jorge Newbery transportando pasajeros desde las puertas de embarque hasta los aviones. Un trabajo simple, reiterativo, un poco aburrido diría yo. Siete u ocho horas por día manejando un colectivo de una puerta a un avión sin ver que cambie el paisaje, sin conocer a un kiosquero para comprarse una Coca. Pero bueno, eso hacían. Hasta que un día, dicen que por accidente, descubrieron que le podían cambiar el día a mucha gente.

Fue un día de frío como a las 4 de la madrugada. Tito tenía que ir al 737 y Ernesto al 727. El de Tito  iba a Salta. El de Ernesto a Bariloche. Salían con unos minutitos de diferencia. Tito llegó y vio que había otro colectivo descargando gente. Se bajó y fue a hablar con el conductor. Era Ernesto, el de Martín Coronado.

- ¿Qué hacés, Ernesto? Me parece que te confundiste de avión papá.
- ¿Cómo andás, Tito? A ver, dejame que reviso. No, estoy bien, este es el que va a Bariloche.
- No, pá. Este va para Salta.
- ¿Estás seguro?
- Sí.
- Uh, qué boludo. Pará que le aviso al controlador por radio para que me baje la gente así la llevo al otro…
- Dale.

Se hizo un silencio y se miraron cómplices. Tito habló primero.
- ¿Te parece?
- ¿Y qué puede pasar?
- Jajaja, la verdad es que sería divertido a ver qué pasa.
- A lo sumo uno en vez de ir a esquiar va a terminar tomando vino y comiendo empanadas. Mal no la va a pasar.
- Sí pero si se llegan a enterar nos rajan.
- Siempre podemos decir que fue un error.

Y así fue que hicieron la primera de sus confusiones. Se imaginan lo que habrá sido para 200 pasajeros llegar al aeropuerto de Salta en vez de al de Bariloche y viceversa…

La cosa es que empezaron a participar a otros compañeros de trabajo y de a poco se fueron sumando. Cada tanto alguno que se dormía en el vuelo amanecía en la otra punta del país. Ellos disfrutaban pensando que te hacían conocer lugares a los que de otro modo no irías. Pero hubo casos jodidos, como el tipo que iba al casamiento del amigo, llevaba los anillos y todo, y en vez de aterrizar en Córdoba fue a parar a Mendoza. El tipo se alquiló un auto y llegó igual, sobre la hora, a la ceremonia. Pudo ser padrino pero el amigo se separó al poco tiempo. Parece que ella tenía a otro. En una de esas si no se apuraba tanto le evitaba el quilombo al amigo.

Y así hicieron unas cuantas veces. Ya la gente sospechaba. No se sabía bien si era un tema de pilotos pero siguió pasando. Yo quería contarles esta historia desde Neuquén, pero acá estoy, tomando unos mates en Catamarca porque el espíritu de Ernesto y Tito sigue vivo.

martes, 17 de julio de 2012

La charla


Estaría bueno poder hacer algo para olvidarme de ella dijo mientras miraba por la ventana. No sé qué miraba. No había nada extraordinario en casa. Un poco de pasto, algunas plantas y un nogal viejo que ya no ofrece más que sombra. Pero siempre miraba a través del vidrio. Jamás hablaba con la vista fija en mí. Tal vez le incomodaba mi mirada. O mi cicatriz. Qué sé yo. 

Medité un momento. Miré hacia arriba e inspiré sonoramente. Dejé escapar el aire de a poco, como si estuviera intentando relajarme. Moví la tapa de la pava y me serví un verde. Abrí la boca para hablar pero me arrepentí. No sé cómo, pero lo supo.

"Decí lo que ibas a decir" me dijo. Llevé mis ojos hacia su figura lastimosa. Estaba en posición fetal, de costado a la ventana con las manos anudadas delante de las piernas flexionadas. Tenía más canas que la última vez que nos habíamos visto. Yo quise inventar algo pero no pude.

"Dale, hablá" insistió firme. Yo no sabía muy bien qué decirle. Esa era la verdad total. Porque a veces hay verdades a medias. Cada uno puede elegir decir lo que quiera, a mí me gusta la idea de poner una parte y que el otro vaya descubriendo el velo si quiere. Porque no siempre lo que hay es del todo agradable. En especial cuando hablan conmigo. "Decime, yo me banco lo que venga porque soy macho" me dijo.

"Mirá, Luis, lo cierto es que no vas a poder olvidarte de ella. Lamentablemente es una marca que vas a tener por siempre con vos. Y no importa los esfuerzos que hagas, las técnicas que inventes y las terapias a las que recurras, ella siempre va a seguir siendo tu primer amor. Es el que te tocó". 

Fumó una pitada, revoleó los ojos un rato y amagó decir algo. Pero se contuvo. Meneó la cabeza con tal parsimonia que no supe si era un no o si cantaba mentalmente una canción que sonaba en la radio vieja que estaba en la cocina. "Yo no quiero acordarme más de ella. Quiero hacer que no exista más para mí. ¿Vos podés hacer eso?" me preguntó casi desesperado. Creo que ahora me miraba. Yo seguía con la vista los últimos rayos del sol que arañaban el lomo del perro echado a mis pies. ¿Qué podía decirle para consolarlo? ¿Cómo sacarle la angustia a alguien sin mentirle descaradamente?

"Luisito: vos tenés que encarar esto de otra forma", le dije. No pienses más en ella como una mala primera experiencia. Agradecé que no fue la última, porque cuando dejemos este mundo lo que nos va a quedar como sabor de boca va a ser la última, no la primera. Bajó la cabeza. El mentón al pecho, cerrado, hecho un bollito tiró un "la concha de su madre". 

-¿En qué pensás?- me dijo mientras me ponía la mano en el hombro. 
-En esas charlas que siempre tenemos pero que nunca decimos-
-Sí, boludo, hace 2 horas que te pido un mate- 
-Me colgué. Tomá, Luisito-.

viernes, 13 de julio de 2012

¿Qué hacemos con la inseguridad?

Aclaración antes de leer: no pretendo resolver el asunto. Solo traté de pensar qué nos pasa y qué podemos hacer al respecto. Llámenlo un pensar en voz alta y reflexionar sobre la marcha de las palabras.

La sensación de riesgo que nos provocan los asesinatos y robos no es nueva. Intuyo que desde que existe la propiedad privada debemos haber convivido con esto. Al menos desde el famoso “la bolsa o la vida”. Como es un tema que es recurrente y además preocupante me propuse hacer un ejercicio y pensar qué podemos hacer con ella.

Lo primero que medité es que el ser humano tiende a reaccionar instintivamente ante el peligro. Seremos todo lo racionales e inteligentes que quieran pero ante un miedo lo que actúa es el instinto. Después vienen las acciones perfeccionadas para eso. El miedo a la oscuridad por ejemplo. Supongo que el fuego además de abrigar y permitir cocinar alimentos habrá sido una solución ante la angustia de que pudiera atacar algún animal escondido entre la oscuridad. Después perfeccionamos velas, lámparas, electricidad, etcétera. Pero el impulso que lleva a iluminar me parece que tiene que ver con que si hay luz vemos y podemos estar atentos al peligro.

Claramente no podemos hacer que la oscuridad deje de existir. Entonces la exterminamos. La combatimos con artefactos e implementos que nos hacen sentir dos cosas: control sobre ella y menos riesgo. Pero sigue siendo de noche cada día. Eso no lo podemos cambiar. Y espero nunca podamos tampoco.

Entonces mi pregunta es si se puede analizar la respuesta a la inseguridad con el mismo razonamiento. Veamos. Si existe la propiedad y existe gente dispuesta a robar y matar por obtener objetos de otros veo al menos 3 opciones posibles, muy básicas pero a la vez complejas:
eliminar la propiedad privada (no voy a ocuparme de esta)
eliminar a los delincuentes (suele ser la que circula socialmente)
eliminar la delincuencia y por consiguiente la inseguridad (quizás tan utópica como la primera)

No apoyo la de eliminar a los delincuentes por varios motivos. Principalmente porque en una ecuación valor de la vida humana/valor de cualquier objeto voy por la vida (y ahí viene el argumento de que te matan por robarte y podés defender tu vida) pero además porque agotar o exterminar a los actores no va a terminar con el sistema que los genera. Sería como talar los árboles para que no nos taparan el sol. Igual seguiría siendo de noche.

¿Y si tratamos de que no exista má la delincuencia? Sí, pensando utópicamente. Ya sé que muchos me dirán que siempre habrá gente dispuesta a robar y matar porque son malos o porque son vagos y prefieren eso a trabajar aunque se les de la oportunidad. Pero creo que en proporción son muy pocos a los que no. Y lamentablemente siempre van a existir.

¿Qué podemos hacer entonces? Podemos tratar de podar los árboles pero las hojas van a volver a crecer y dar sombra. Podemos arrancarlos pero nos vamos a agobiar con el calor de día (y el viento en invierno).

Me parece que no tengo una buena conclusión sobre esto. Creo que todo me lleva a pensar que es algo que va a existir siempre. Se prohíba, se castigue o se elimine a sus actores.

A lo mejor, y no me gusta nada esto, tenemos que aprender a convivir con ciertas cosas que no podemos controlar. Es feo. Es angustiante pensar que esto es así pero no veo que podamos nosotros, como ciudadanos quitarnos este problema que nos preocupa y nos aqueja.

En un plano de suposición. Hagamos de cuenta que alguien cambia las leyes y se endurecen. Incluso que promovieran la pena de muerte por robo (¿vale más algo mío que la vida de otro que me lo robó?). ¿Qué hacemos si con todo eso sigue habiendo delincuentes y asesinos? ¿Ponemos 6000 años de cárcel? Supongamos que borramos de la historia humana la delincuencia. Que dentro de 200 años nadie sepa que existía algo llamado romper la ley. ¿No volvería a aparecer?

¿Será que el problema está en que haya leyes porque se transgreden? No me imagino tampoco un mundo sin reglas donde cada uno hace lo que quiere sin consecuencias porque sería el ojo por ojo diente por diente.

No sé que otra cosa hacer más que preocuparme y cruzar los dedos.

martes, 3 de julio de 2012

Hermossa

Hoy no tenía pensado escribir. Mucho menos esto. Nunca pensé que el domingo había sido nuestra despedida. Quizás hubiera hecho algo diferente de haberlo sabido. No sé. Tal vez estuvo bien así, como siempre, como cada vez. 
Fueron las últimas mandarinas que compartimos porque a pesar de tu fanatismo por esa fruta nunca aprendiste a pelarla. La última vez que no me querías dar la pelota para que te persiga. Y que me diste la pata. Justo te pregunté, "¿cómo hacés para aguantar estos dos?" y me miraste con ojos de paciencia infinita. Yo te entendía y vos a mí. 
Por ahí fue tu manera de despedirte. Creo que algo percibí. Ahora me voy a acordar de vos cada vez que vea una manguera que riega o el filtro de una pileta. Estarás persiguiendo chorros de agua en otro lado. Espero. Y me quedo con los juegos alrededor de la mesa blanca, donde eras inalcanzable. Y con tu cabeza entre mis rodillas mostrándome la pelota de tenis para que te la tire lejos. Me acordaré de vos cuando pase por el hipódromo porque ahí íbamos a correr juntos. De la vez que tuve que pedirle un balde a un kiosquero para que puedas tomar agua y me dio el de los Pico Dulce. No querías caminar más después. Y no eras como para llevarte a upa. Ya no tengo mucho como para decir. Creo que te dije siempre que te extrañaba desde que no vivimos juntos. Así que ahora te voy a extrañar hasta que nos volvamos a ver.

lunes, 2 de julio de 2012

¿Qué te iba a decir?

- ¿Qué te iba a decir?
- No sé, todavía no puedo escuchar tus pensamientos así que no entiendo por qué me lo preguntás.
- Bueno, es una forma de decir.
- ¿De decir qué?
- De decir que me olvidé lo que te iba a decir.
- ¿Y cómo sabés que te olvidaste?
- Perdón, no entiendo.
- Claro. Decís que me ibas a decir algo pero que te olvidaste qué. ¿Cómo sabés que tenías algo para decir?
- Porque te estaba por decir algo y me olvidé qué.
- Eso mismo digo. ¿Vos sabés que vas a decir algo antes de saber qué?
- Y sí...
- Ok.
- ¿Qué tiene?
- Nada, es raro.
- ¿Por?
- No sé, porque es como tener un tupper pero no saber qué le ibas a poner dentro. ¿Para qué tener uno si no tenés qué guardar dentro?
- Justamente para guardar algo cuando lo necesites.
- Bueno pero puede que no uses nunca.
- Sí, puede que no lo uses nunca.
- Entonces no tiene mucho sentido tenerlo por las dudas.
- Sí tiene porque si alguna vez lo necesito lo tengo.
- ¿Y por una vez se justifica guardarlo tanto tiempo? ¿Por tan solo una vez?
- Sí. Para mí sí.
- ¿Entonces por qué no tenés frases guardadas para cuando te olvidás lo que ibas a decir?
- Andá a cagar.
- Esa podría ser una.

Últimamente mis diálogos con mi voz interior son bastante raros.