
Todo en paz, yo empezaba antes que el lunes y me acomodo mejor cuando es así que cuando llego y el día arrancó mucho antes que yo. De golpe una frenada, los pajaritos se callaron, pausa, ruido a cuellos que giran rápido como para ver un partido de ping pong -fsssss- y el cierre final con un "PUM". ¿Qué tiene de raro un choque en Buenos Aires? me dirán ustedes. Lamentablemente poco, pero lo que sucedió después fue más bien gracioso.
Me asomé a la ventana mientras pensaba que al menos no escuché ningún grito -o sea que nadie se lastimó- y vi cómo un señor y una señorita que cruzaban la calle en diagonal, a mitad de cuadra por supuesto, miraban con suma atención los autos que se habían abollado el uno al otro sin mirar hacia adelante.
Los dos peatones venían en sentido exactamente opuesto desde la vereda de enfrente a donde yo miraba. Formábamos una V siendo ellos los vértices y yo el angulito de abajo. Yo miraba a uno, al otro. Él, unos 40 bien llevados. Traje. Algunas canas, alto, flaco y con barba de 4 días y medio y 3 horas. Ella 30 y largos pero con un aire de adolescente encantador. Ojos marrones redondos y con más brillo que un picaporte recién lustrado. Era inminente que se chocarían mejilla con mejilla o cachete con cachete, sin pechito ni ombligo. ¿Se encontrarán? ¿Será esto el comienzo de una historia de amor que empiece de golpe? Yo podría ser el testigo del nacimiento de un amor de toda la vida. Qué bueno, qué buena manera de empezar una película. Son dos que se chocan por mirar un choque y se descubren iguales, curiosos, y se enamoran. Amor de golpe se podría llamar. Si la vendo a EE.UU le pongo Street Crush.
Sin saberlo, ellos se iban a unir en un abrazo involuntario apenas unos segundos después. Yo sabía lo que iba a pasar y ellos, protagonistas, no. ¡Como en una película! Van a tener 2 hijos, van a vivir en una casa de 2 plantas: una azalea y una Santa Rita. Él la va a besar apenas se miren de frente y se encandilen sus miradas. Me imaginé la frase sublime que él le diría; los diálogos.
- Galán maduro (la toma con fuerza con ambos brazos): Fue mi culpa, disculpame.
- Ella: No te preocupes, no es nada.
- GM: Pero te golpeé sin querer, me preocupa.
- Ella: ¿Fue sin querer? tenés cara de hijo de puta igual.
- GM (descolocado): ¿Perdón?
- Ella: Te estoy jodiendo. Para romper un poco el hielo.
- GM (respirando): Ahhhhhhhh. Pensé que lo decías de verdad. ¿Estás bien entonces? Me voy tranquilo...
- Ella: No, no. Esperá.
- GM: ¿Qué pasó?
- Ella: ¿Qué pasó? Chocamos. Tenemos que intercambiar teléfonos y eso, por el seguro ¿viste?
- GM (sin entender): ¿Segura que estás bien? ¿Te golpeaste la cabeza?
- Ella (sonríe): Sí, y perdí la memoria, ¿cómo te llamabas?
- GM: ¿De verdad me decís? ¿Te llamo un médico?
- Ella (suspirando de resignación): No, flaco, era otro chiste. Estoy bien.
Cada uno seguría caminando en la dirección en que venía. Yo tengo ganas de decirles que prueben de nuevo. ¡Con lo cuesta chocarse con el amor! Los que habían chocado ya se iban en paz y yo miraba la escena como un espectador de lujo. Los protagonistas de mi historia se detuvieron a mitad de la calle. Ella zapatea como hacen los chicos cuando tienen un berrinche y alcancé a escuchar algo de "¿por qué soy tan lanzada?". Y a solo 5 metros de ella, mirando para el otro lado y con la palma de la mano en la frente, él dijo con voz seca: ¡qué pelotudo! Bieeeeeeeeen, pensé yo. ¿Lo escuchó? Me parece que no. Uy, ¿qué hago, me meto? Me contengo; yo soy espectador acá, pero la gente grita en el cine "no vayas, es una trampa" o "siempre creí en ti Superman". Que sea lo que tenga que ser. Ella lo escuchó. Se da vuelta despacio y su pelo se suspende en el aire como en un comercial de shampoo y le dice con voz de trola regenerada "empecemos de nuevo". Él sonríe como quien pasa el 7 de oro jugando al truco y ladeando la cabeza le dice "te invito un café, linda". ¡Qué capo! ¡Qué galán!
Todo esto habrá durado unos 5 o 6 segundos máximo. Me sorprende la velocidad con que uno puede hacerse la película. Chocaron, efectivamente. Pero las cosas no fueron como imaginé. Él se fue para un lado sin prestarle atención y lo único que dijo fue "qué cagada arrancar un lunes chocando". Ella lo reputeó de arriba a abajo y le echó la culpa por el día de mierda que había empezado. Creo que no había tomado su Activia de hoy.
Yo me alejé de la ventana y volví a trabajar.
Los dos peatones venían en sentido exactamente opuesto desde la vereda de enfrente a donde yo miraba. Formábamos una V siendo ellos los vértices y yo el angulito de abajo. Yo miraba a uno, al otro. Él, unos 40 bien llevados. Traje. Algunas canas, alto, flaco y con barba de 4 días y medio y 3 horas. Ella 30 y largos pero con un aire de adolescente encantador. Ojos marrones redondos y con más brillo que un picaporte recién lustrado. Era inminente que se chocarían mejilla con mejilla o cachete con cachete, sin pechito ni ombligo. ¿Se encontrarán? ¿Será esto el comienzo de una historia de amor que empiece de golpe? Yo podría ser el testigo del nacimiento de un amor de toda la vida. Qué bueno, qué buena manera de empezar una película. Son dos que se chocan por mirar un choque y se descubren iguales, curiosos, y se enamoran. Amor de golpe se podría llamar. Si la vendo a EE.UU le pongo Street Crush.
Sin saberlo, ellos se iban a unir en un abrazo involuntario apenas unos segundos después. Yo sabía lo que iba a pasar y ellos, protagonistas, no. ¡Como en una película! Van a tener 2 hijos, van a vivir en una casa de 2 plantas: una azalea y una Santa Rita. Él la va a besar apenas se miren de frente y se encandilen sus miradas. Me imaginé la frase sublime que él le diría; los diálogos.
- Galán maduro (la toma con fuerza con ambos brazos): Fue mi culpa, disculpame.
- Ella: No te preocupes, no es nada.
- GM: Pero te golpeé sin querer, me preocupa.
- Ella: ¿Fue sin querer? tenés cara de hijo de puta igual.
- GM (descolocado): ¿Perdón?
- Ella: Te estoy jodiendo. Para romper un poco el hielo.
- GM (respirando): Ahhhhhhhh. Pensé que lo decías de verdad. ¿Estás bien entonces? Me voy tranquilo...
- Ella: No, no. Esperá.
- GM: ¿Qué pasó?
- Ella: ¿Qué pasó? Chocamos. Tenemos que intercambiar teléfonos y eso, por el seguro ¿viste?
- GM (sin entender): ¿Segura que estás bien? ¿Te golpeaste la cabeza?
- Ella (sonríe): Sí, y perdí la memoria, ¿cómo te llamabas?
- GM: ¿De verdad me decís? ¿Te llamo un médico?
- Ella (suspirando de resignación): No, flaco, era otro chiste. Estoy bien.
Cada uno seguría caminando en la dirección en que venía. Yo tengo ganas de decirles que prueben de nuevo. ¡Con lo cuesta chocarse con el amor! Los que habían chocado ya se iban en paz y yo miraba la escena como un espectador de lujo. Los protagonistas de mi historia se detuvieron a mitad de la calle. Ella zapatea como hacen los chicos cuando tienen un berrinche y alcancé a escuchar algo de "¿por qué soy tan lanzada?". Y a solo 5 metros de ella, mirando para el otro lado y con la palma de la mano en la frente, él dijo con voz seca: ¡qué pelotudo! Bieeeeeeeeen, pensé yo. ¿Lo escuchó? Me parece que no. Uy, ¿qué hago, me meto? Me contengo; yo soy espectador acá, pero la gente grita en el cine "no vayas, es una trampa" o "siempre creí en ti Superman". Que sea lo que tenga que ser. Ella lo escuchó. Se da vuelta despacio y su pelo se suspende en el aire como en un comercial de shampoo y le dice con voz de trola regenerada "empecemos de nuevo". Él sonríe como quien pasa el 7 de oro jugando al truco y ladeando la cabeza le dice "te invito un café, linda". ¡Qué capo! ¡Qué galán!
Todo esto habrá durado unos 5 o 6 segundos máximo. Me sorprende la velocidad con que uno puede hacerse la película. Chocaron, efectivamente. Pero las cosas no fueron como imaginé. Él se fue para un lado sin prestarle atención y lo único que dijo fue "qué cagada arrancar un lunes chocando". Ella lo reputeó de arriba a abajo y le echó la culpa por el día de mierda que había empezado. Creo que no había tomado su Activia de hoy.
Yo me alejé de la ventana y volví a trabajar.